martes, 15 de julio de 2008

DON DANIEL ORTUZAR CUEVAS


Después de don Agustín Ross Edwards, uno de los hombres de mayor prestigio en el adelanto turístico de esta zona marina, fue don Daniel Ortúzar Cuevas, miembro ilustre de familias entroncadas en siglos de linajes españoles.
Nacido en Santiago en 1850, era uno de los doce hijos de don José Vicente Ortúzar Formas y de doña Irene Cuevas Avaria.
Educado en colegios donde se acentuaron los principios cristianos, recibidos en un hogar profundamente católico, pronto perdió a su padre, quien falleció en 1867, después de haber sido parlamentario por Curicó, cuando esta ciudad era capital de la antigua provincia de Colchagua.
Don José Vicente había adquirido por compra en 1854, el inmenso predio costino de San Antonio de Petrel, cuna del que, con los años, sería el primer cardenal chileno, Su Eminencia José María Caro Rodríguez.
A don Daniel le correspondió, desde muy joven, atender esta propiedad, ya por administración o por arriendo, aunque también era heredero. Recuérdase que para sacar los productos agropecuarios para su mejor comercialización, ideó la creación de un muelle en la bahía de Pichilemu que, al obtener el permiso para ello, permitió que en 1887, Pichilemu adquiriera calidad de puerto menor, dependiente de Valparaíso.
Efímera fue sin embargo la vida de este muelle, por cuanto, en la revolución de 1891, fue incendiado por orden gubernativa, ya que por él zarpó el Maipo con contingente y víveres hacia el norte, donde se encontraba la directiva opositora a Balmaceda.
Pasada la revolución, don Daniel, que siempre perteneció al Partido Conservador, fue elegido diputado por el departamento de San Fernando, siéndolo por tal agrupación en cuatro períodos; un quinto, lo fue por el departamento de Caupolicán, ocupando el asiento parlamentario un total de 15 años consecutivos.
Pichilemu, fuera del muelle, le debe el haber iniciado la población que formó en la principal avenida del centro del balneario y que hoy lleva su nombre. Al mismo tiempo que el señor Ross levantaba su hermosa población turística, en el sector sur de Pichilemu, don Daniel construía las primeras casas de la citada avenida Ortúzar, de manera que el progreso pichilemino fue inmenso desde fines del siglo XIX, gracias al tesón de este par de admiradores de estas costas, privilegiadas por su belleza.
También Pichilemu, le debe el haber proporcionado el terreno necesario, a la vera de su hacienda, para el cementerio parroquial local. Recuérdase también que el señor Ortúzar fue uno de los ocho padrinos de consagración de monseñor José María Caro Rodríguez, como obispo titular de Milás, recibida en la catedral de Santiago, el 28 de abril de 1912, de manos del Internuncio Enrique Sibilia. Juntamente con él, recibíala también monseñor Luis Silva Lazaeta, obispo titular de Oleno.
Fueron muchos los viajes emprendidos por don Daniel al viejo mundo. En uno de ellos trajo la galega, leguminosa que allá servía de forrajera a los animales y que en sus campos sanantoninos no la comieron, de manera que quedó como verdadera plaga, maleza que se expandió por las provincias centrales de Chile, sin poderse exterminar, sirviendo solo para adornar los campos con su flor azulina, amariposada.
Al fallecer su madre en 1904, San Antonio de Petrel, se lo adjuricaron él y dos de sus hermanas solteras. Después de sus días, quedó el predio costino dividido en una parte para unas sobrinas y la otra, para la Universidad Católica de Chile.
Don Daniel falleció en Valparaíso, centro de sus actividades comerciales, el 19 de noviembre de 1932, siendo sus restos trasladados al Cementerio Católico de Santiago.